7 de febrero de 2018

El remero


Por la condición mutante de "nagareru monogatari"; "El remero" ha aparecido y desaparecido varias veces. Hoy le toca aparecer de nuevo.

Escribí este cuento de un tirón el 6 de junio de 2014. Al releerle he tenido la tentación de cambiar algunas cosas; pero finalmente he preferido dejarle tal y como fluyó; sin cambiar ni una coma. Al fin y al cabo este blog se llama "nagareru" (flujo, corriente).


El remero.

(dedicado a mi padre)

La marea sigue su curso inexorable.
La gran masa marina se mueve a impulsos magnéticos de la Luna, que impone su voluntad férrea.
El agua va ganando terreno.
Los niños ya han terminado de construir sus castillos y esperan impacientes la llegada de las olas.
Tras vencer una leve resistencia, el agua disuelve las pequeñas construcciones como terrones de azúcar.
Los niños observan el fenómeno fascinados.
Desde mi pequeño bote distingo sus risas y gritos sobre el sonido líquido de las olas.
La playa está atestada de personas que, ante el avance del mar, se ven obligadas a corregir continuamente su posición  hasta quedar apiñadas en una franja de arena cada vez más estrecha.
 Al imaginar la abigarrada mezcla de olores y voces extrañas de aquella aleatoria reunión de cuerpos desnudos, tengo una sensación desagradable. Sacudo la cabeza instintivamente para tratar de librarme de ella.
Esta acción me saca del sopor en el que estaba sumido.

. Decido recoger los aparejos y poner rumbo a puerto.
Justo a tiempo, pues en ese momento me percato de que se acerca una gran tormenta.
Remo tan rápido como soy capaz, pero no consigo evitar que antes de llegar a la bocana toda la furia del mar se me eche encima como un animal salvaje y colosal.
Yo, que conozco al mar como a un hermano; inmediatamente soy consciente del tremendo peligro.
 Mi vida se encuentra en la frontera de la muerte.
Me preparo para aceptar el previsible desenlace, pero también para la lucha.
Se que para salir vivo del trance debo echar mano de toda mi pericia, de todos mis conocimientos, de toda mi fuerza.
Los músculos se tensan, los sentidos se afilan; mi pensamiento trata de anticiparse a los movimientos imprevisibles de las olas enloquecidas.
Se que no debo cometer ningún error. Remo con una fuerza inusitada.
Estoy haciendo las cosas bien y esto hace que bajo el miedo se trasluzca una sensación placentera de legítimo orgullo.

 Finalmente consigo atravesar la barra y ponerme a salvo.

La gran victoria que acabo de lograr hace que me sienta fuerte y libre como nunca hasta entonces.
Al llegar a la altura del puerto, no me detengo, si no que decido seguir remando. No hay ninguna razón para ello; tampoco trato de encontrarla; tan solo me dejo llevar por el fuerte impulso de remar.

Pronto pierdo de vista el puerto y más tarde las últimas casas del pueblo y continúo remando río arriba.
La gente de la playa, los gritos de los niños, la tormenta, todo queda muy atrás y poco a poco se hace el silencio. Un silencio absoluto.
Los sonidos que brotan ocasionalmente de ese silencio adquieren una dimensión desconocida y mágica.
El tiempo transmuta su naturaleza.
Me sumerjo dentro de un tiempo cósmico y eterno donde se diluye todo mi pasado. Mis ideas; mis pasiones; mis traiciones; mis miedos...todo se desvanece. Todo se vuelve nada. Solo quedamos yo y el gran misterio de la vida frente a frente.
 Entonces siento una felicidad inmensa que hace vibrar cada molécula de mi cuerpo. No necesito nada. No quiero nada. Solo remar, remar...