29 de octubre de 2016

Huellas


El 11 de diciembre de 1966 mi padre nos hizo esta fotografía a mi hermano Oscar y a mí en los jardines de Pereda de Santander. Este es un hecho 100% objetivo. La prueba gráfica, fechada con la letra inconfundible de mi padre, es irrefutable. Todo lo demás, la escena, las circunstancias que rodeaban aquel instante ya están tan diluidas en la niebla del tiempo, que yo no consigo recordar nada salvo aquellas botas "Gorila" y aquellas medias a rayas que a mí me gustaba llevar caídas, pero que mi abuela Florinda, con un criterio estético más severo que el mío y siendo infinitamente más tozuda que yo, se empeñaba siempre en subirme hasta las rodillas. 
Con todo eso, es muy posible que este no sea más que un falso recuerdo; una imagen mental que me he ido formando con el tiempo a fuerza de ver la instantánea y de ir incorporando, sin yo saberlo, datos tomados de otras situaciones, de otros momentos. Es decir, nada de particular; exactamente el mismo tratamiento que le he dado al resto de mi memoria. Tan es así que me resulta verosímil imaginar que todo lo que se de mi pasado es mayormente falso. Una invención mía basada en algunos hechos auténticos , innegables, como lo es esta fotografía que, sin embargo, se vuelve cada vez más borrosa y desleída; como si también quisiera desaparecer; volver a la nada; para dejar todo el espacio libre a la pura fabulación.


Marco Antonio y Oscar Sanz Molleda en los jardines de Pereda de Santander.